lunes

La casa de mi madre









De la Red














Lleno de delicadeza y ternura


 
No el azar, no los dedos:
la rotación del mundo moldea las vasijas.
Con su temor de araña se acerca el universo
a tramar ventanales, los rincones
donde envejece la mirada
buscando Urano, Altair, la yedra
de un cometa enzarzándose en los pies
de quienes sueñan bóvedas.
La chimenea duerme como animal saciado,
y al abrirse la puerta permanece amparada
nuestra forma dañada en los caminos.
Abajo, el tren alumbra la llanura,
acopia sus regiones en un túnel,
y las luces del último furgón,
ese que arremolina un yo de ortigas,
son las de Urano y Altaír, la estela
consumida en un rostro
que da por terminado el infinito.


Juan Francisco Sanchez Cañizares 



 

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